6 de febrero

¿Qué hostias pasó con aquella cuerda? Un La mayor, la quinta, Savarez, que envié a mi primo J por correo postal, dado que no fui capaz de comprársela estas Navidades como simbólico gesto de agradecimiento a su siempre acogedora disposición doméstico-logística.

¿Que qué pasó? Nada. O todo. Que no llegó, vamos.

Y no pasa nada. Alguien debería fundar aquel PPC (Partido de las Pequeñas Cosas). Mandas una carta, no llega, y aquí paz y después gloria. Recuerdo unas tarjetas postales que envié desde Florencia, a Rosa, a Imanol, a Alessandro, que jamás llegaron. ¿Y no se hace un juicio sumarísimo?

Uno vive ya más o menos indignado con las cosas que son de indignación popular, de injusticia flagrante, le afecten o no. Pero que falle el p*to sistema de Correos y que no llegue a su destino esa quinta cuerda que compré en una tienda musical de la calle Santa Isabel de Madrid, para después introducirla en un sobre en un estanco de la calle Magdalena, y después preguntar a un portero portugués de la calle Atocha, que me indica que el buzón está donde la iglesia de San Sebastián (a la que acudo por cierto de vez en cuando si el cuerpo me pide la paz que ahora no tengo), para depositar ahí la carta, cuyo coste, unos cinco euros en total, no debería dejar de ser tenido en cuenta, con el resultado final de fracaso total, no deja de ser deprimente.

Enviar a tu querido primo la quinta cuerda que le falta a su guitarra clásica y que no llegue. Y que España siga girando. Joder todo.

 

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